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El matrimonio de amor y santidad

Según nos escogió en Él antes de la fundación del mundo, para que fuéramos santos y sin mancha delante de Él. En amor. Efesios 1:4

La santidad no es verdadera, a menos que esté arraigada y basada en el amor. De lo contrario, se vuelve externa, dura y religiosa. Se torna elevada e inalcanzable. Sé santo como Yo soy santo. Es una orden. Pero también es una invitación de nuestro Amado Señor para ser Uno. El verdadero amor desea ser como el Amado. Quiero ser santo porque tú eres santo, Señor. Quiero que mi santidad sea la expresión de ti (en mí) porque te amo.

El amor sin santidad es carnal y terrenal. La santidad sin amor es altiva y externa. El amor y la santidad deben integrarse. Es el corazón el que nos aparta para Dios, no las cosas externas que usamos o las reglas que seguimos (de la mente y no del corazón).

La santidad debe tener una meta o se convierte simplemente en religión externa, una lista de lo que se debe y no se debe hacer que frustra el flujo de pasión y poder. La meta de la santidad es unión con Dios. La santidad auténtica es pasión por la pureza en preparación para la unión con Dios. Es la pasión de la Novia por la unión pura con su Novio.

La santidad es encendida por el amor y el amor es purificado y perfeccionado por la santidad.

Separar el amor de la santidad y viceversa es peligroso para nuestros matrimonios, familias e iglesias. Sin santidad, el amor expresado en los matrimonios cristianos se vuelve como el del mundo. Cuando Yeshúa es sacado de la cama matrimonial, la cama se contamina. Los matrimonios cristianos deben ser un reflejo de la unión de Cristo y la Iglesia, tanto en la pasión como en la pureza. Eso hace cada matrimonio cristiano totalmente diferente a los matrimonios del mundo donde Cristo no está presente. Él debe estar presente en cada parte del matrimonio, incluyendo la cama matrimonial.

Separar la santidad del amor ha sido la causa de las separaciones y el divorcio en la Iglesia. La santidad sin amor en el matrimonio (cama) impide que la pasión se encienda. El amor sin santidad impide que fluya la pureza. En cualquier caso, la unión se reduce a un acto mecánico.

Esposos, amen a sus esposas, así como Cristo amó a la iglesia y se entregó por ella para hacerla santa. Él la purificó, lavándola con agua mediante la palabra, para presentársela a sí mismo como una iglesia radiante, sin mancha ni arruga ni ninguna otra imperfección, sino santa e intachable.  Así mismo el esposo debe amar a su esposa como a su propio cuerpo. El que ama a su esposa se ama a sí mismo, pues nadie ha odiado jamás a su propio cuerpo; al contrario, lo alimenta y lo cuida, así como Cristo hace con la iglesia. Efesios 5:25-29

Cuando un hombre ama a su esposa, se ama a sí mismo. Él la alimenta y la aprecia porque ella es su propia carne. Así es como Yeshúa nos ama, Su novia e iglesia, así como se ama a Sí mismo.

Grande es este misterio, pero hablo con referencia a Cristo y a la iglesia. Efesios 5:32

Yeshua dice que debemos SER santos, no HACER lo santo. Ser santo tiene que ver con nuestra unión con Él. Estamos conectados, así que somos santos. “Hacer lo santo” tiene que ver con el esfuerzo en seguir las reglas hechas por el hombre. Es depender de uno mismo para ser santo y no de nuestra unidad con Él. Si nos comprometemos a SER santos como Él es santo mediante la unión con Él, HAREMOS lo santo.

página biográfica: https://tikkun.tv/greta-mavro/

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By | 2019-10-13T14:38:42+00:00 octubre 11th, 2019|Sin categorizar|0 Comments

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