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Un corazón no dividido: Parte uno

No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos?  Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas. Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia y todas estas cosas os serán añadidas. Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal” Mateo 6:31-34

Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. Filipenses 4:6-7

El Señor nos manda que no nos preocupemos o que no estemos ansiosos por nuestras vidas como los paganos. Dice que hemos de buscar su reino y su justicia y que añadirá a nuestras vidas todas las cosas que necesitemos mientras estemos en el mundo. Dice que oremos por todo en lugar de estar ansiosos. Haciendo esto, Dios guardará nuestros corazones y mentes en perfecta paz. Es como si el Señor nos dijera que dejáramos todas las actividades que nos hacen estar ansiosos y que simplemente oremos. Esto puede ser una parte del cuadro, pero va más allá que eso.

La mayoría de nosotros sabemos cuales son los síntomas de la preocupación o ansiedad y muchas personas están resueltas a hacer cambios de vida externos para quitarse esta “enfermedad”, solo para encontrarse otra vez en el ciclo vicioso de su poder. Pocas personas saben realmente cuál es la verdadera causa bíblica de la ansiedad y por lo tanto no pueden ser liberadas de su dominio. ¿Qué significa realmente estar ansiosos con nuestras vidas?

La clave para entender esta “en-fer-me-dad se encuentra revelado en la pequeña, pero poderosa palabra “afanarse” en el idioma original (merimnao). Esta palabra, que proviene de la raíz mer (parte), puede estar unida a la distracción, asignación, división, desunión, o marcar la diferencia entre. Por lo que cuando escuchamos al Señor decirnos que no nos preocupemos, no nos está diciendo simplemente que dejemos todas nuestras actividades externas o pensamientos en cuanto al futuro, sino que está profundizando en la verdadera condición de nuestro corazón.

Dios se preocupa sobre todo lo demás que nuestro corazón no esté distraído o dividido, de la misma manera que una tarta que es cortada y distribuida entre las muchas actividades y personas de nuestra vida: un trozo para nuestro trabajo, otro para nuestro cónyuge, otro para Dios, otro para el ministerio, etc. Al final, todos y todas las cosas reciben una parte, pero el Señor es tan solo un trozo de la tarta y no el todo, ¡si llega a eso! Nos hemos vuelto ansiosos porque hemos perdido esa integridad y paz que vienen de cumplir con nuestro primer llamado, que es amar al Señor nuestro Dios con TODO nuestro corazón, TODA nuestra mente y TODAS nuestras fuerzas. Un corazón no dividido es realmente el único camino para cumplir con el primer mandamiento.

Una casa/corazón dividido no permanecerá.  El enemigo lo sabe y trabaja duro por dividir las áreas de nuestra vida para que no tengamos el poder que proviene de un corazón integrado. Cuando nuestro corazón queda dividido en partes, también perdemos el sentido profundo de que Dios es uno y que hemos de amarle en esa unidad y a nuestro prójimo como a nosotros mismos (en esa misma unidad amor). Dios dice, “porque donde está vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón”. Lucas 12:34. Si nuestro tesoro está solamente en el Señor, nuestro corazón estará lleno y poseído por Él, pero si nuestro tesoro está aquí y allí y en todos los lugares, establecido en cosas temporales o terrenales, encontraremos que hemos dispersado y perdido nuestro corazón, nuestro centro solo en Dios. Dios será únicamente un trozo de la tarta (nuestro corazón) para que sea compartido junto a otras personas y cosas. No será el único Dueño con los derechos exclusivos de nuestro corazón y vida. Por consiguiente, no tendremos el poder de amar a Dios como Él quiere; ni tampoco podremos amar a otros con ese mismo amor divino que quiere derramar en nuestros corazones.

El resultado de esta división y distracción es un corazón/mente perturbados (ansioso) que es lanzado al tumulto y a la mucha actividad a la que nos arrastra el mundo”, un corazón que no puede estar quieto, sentándose y escuchando a los pies del Maestro. Gran parte de la Ecclesia tiene esta misma ansiedad y actividad frenética que proviene de un corazón y mente divididos que vemos en el mundo y no debería serlo.

La mayoría de personas, sobre todo los hombres, llevan diferentes sombreros para diferentes aspectos de su personalidad. Un sombrero es para ser marido, otra para su ocupación, otra para ser padre, para amigo, ministerio, etc. La mayoría de gente cree que esto es muy normal, pero en realidad viene de un corazón dividido y compartimentado que hunde sus raíces en la vieja naturaleza pecaminosa. Es miedo a soltar, de cortar el prepucio del corazón donde Dios desea hacer una obra de sanidad que traerá integración y unidad. Jesús tuvo un corazón perfecto y no dividido cuando caminó sobre la tierra y vino a restaurar el nuevo corazón que creó, pero que a través del pecado, cayó en división.

Hace muchos años, el Señor me mostró en una maravillosa revelación, cuan hermoso y completamente integrado era el hombre en todo su ser cuando fue creado a la imagen de Dios. Su cuerpo, alma y espíritu andaban en completa unión y armonía. Su corazón, voluntad y mente estaban integrados y andando en esa unidad y orden divino. Su corazón era perfecto, una morada para el ÚNICO DIOS TRINO. Pero el pecado lo destrozó todo. Su corazón fue dividido. Tanto este como su mente se separaron y estuvieron en guerra. Su cuerpo actuó independientemente del alma y del espíritu. Su alma ya no se inclinaba al Espíritu en perfecta unidad, sino que usurpó y anuló el orden divino. Todo se vino abajo. La redención nos lleva otra vez a la unidad de Dios, y en nosotros mismos. Es esa integridad que nos vuelve a restaurar para completar su dependencia en Él y no en nuestro antiguo ser destrozado y hace que podamos estar unidos entre nosotros en esa misma unidad.

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By |2019-12-23T23:44:47+00:00diciembre 23rd, 2019|Sin categorizar|Comments Off on Un corazón no dividido: Parte uno